
Si eres asalariado y sientes que pagas demasiado ISR, un PPR puede ayudarte a deducir de forma legal. Aquí te explicamos sin enredos y, si aplica a tu caso, lo aterrizamos en una simulación de 20 min.
Deducción Art.151 + 185 • Simulador • Retiro 60 vs 65 • Pagos limitados 10/15
Marca mentalmente “sí/no”:
Si te salieron 3 o más “sí”, esta guía te va a ahorrar tiempo y errores.
Un PPR (Plan Personal de Retiro) es, en esencia, una forma estructurada de construir retiro. Su poder no está en “magia financiera”, sino en el diseño: reglas, horizonte, consistencia y, en algunos casos, un tratamiento fiscal que hace que el esfuerzo se sienta más llevadero para perfiles con ISR alto.
Un PPR no es una apuesta para “hacerte rico”. Es una herramienta para no depender de la suerte ni de la fuerza de voluntad. Por eso tiene reglas (edad objetivo, aportaciones, condiciones para retiros). A cambio, te ayuda a mantener el rumbo y a construir un plan con lógica: cuánto aportas, por cuánto tiempo, a qué edad planeas retirarte y qué pasa si tu vida cambia.
Para un asalariado con ISR alto, el beneficio real suele ser la combinación de:
La idea no es “deducir por deducir”, sino construir retiro con una estrategia que haga sentido para tu vida.
Esta comparación es útil porque evita el error típico: comparar solo “rendimientos” sin ver reglas, disciplina y fiscalidad.
| Opción | Para quién funciona mejor | Ventaja principal | Riesgo típico |
|---|---|---|---|
| PPR | Asalariados con ISR alto que quieren estructura y estrategia fiscal | Plan + disciplina + posible deducción (151/185) + configuración 60/65 | Elegir mal la configuración o esperar “liquidez total” |
| AFORE | Base obligatoria de retiro para asalariados | Automático (ya lo tienes) + comisiones reguladas | Confiarte: pensar que solo con AFORE alcanzará |
| Invertir por tu cuenta (CETES/ETF) | Quien tiene disciplina alta y controla su conducta financiera | Flexibilidad + control + liquidez (según instrumento) | Abandonar el plan / vender mal / no sostener aportaciones |
Idea clave: No es “PPR vs lo demás”. Para muchos, es AFORE + estrategia adicional (PPR y/o inversión), según objetivos y perfil.
Aquí está el corazón del tema para asalariados con ISR alto. No necesitas ser contador: solo entender qué permite cada artículo, cómo se combinan en una estrategia y qué debes revisar para que la deducción sea coherente con tu caso. Lo importante es no confundir beneficio fiscal con rendimiento: son cosas distintas.
El Art. 151 (en términos prácticos) se relaciona con deducciones personales. En el contexto de retiro, suele usarse para aportaciones orientadas a deducibilidad dentro de una estrategia ordenada. El punto clave para ti no es memorizar el artículo, sino entender que hay un tope y que la deducción se integra en tu declaración anual según tu situación fiscal.
Traducción ejecutiva: “Existe un carril de deducción personal con límites; si lo aprovechas bien, reduce tu carga anual”.
El Art. 185 funciona como un estímulo para el ahorro de largo plazo orientado a retiro. La idea práctica: además del carril de deducción personal, puede existir un carril adicional que se suma cuando la estrategia está correctamente estructurada.
Traducción ejecutiva: “No solo hay una forma de deducir; hay un estímulo que puede complementar tu estrategia”.
| Aspecto | Art. 151 LISR (Bolso PPR) | Art. 185 LISR (Bolso Deducible 185) |
|---|---|---|
| Qué es | Aportaciones con tratamiento fiscal de deducción bajo Art. 151 (según tope aplicable). | Aportaciones deducibles como estímulo/bolso deducible bajo Art. 185 (con tope anual específico). |
| Tope anual de deducción |
Hasta 5 UMA’s anuales o 10% de ingresos acumulables por año fiscal, lo que resulte menor.
El contratante puede elegir un tope menor. |
$152,000 MXN máximo de prima de ahorro deducible por año calendario.
El contratante puede elegir un tope menor. |
| Quién puede deducir |
Persona física (contratante). Requiere que contratante y asegurado sean la misma persona física.
No aplica si el contratante es persona moral. | Contratante (en el bolso deducible 185) con tope anual del Art. 185, conforme a las reglas del plan. |
| Restricciones operativas del plan |
Vencimiento del plan solo a edad de retiro 65.
No hay cambio de contratante, moneda o plan. | No hay cambio de contratante, moneda o plan. |
| Si aportas “más” del tope | El excedente de los 5 UMA’s se ingresa automáticamente al bolso no deducible. | El excedente de $152,000 se ingresa al bolso no deducible. |
| Retiros parciales | En caso de retiro parcial, primero se toma del Bolso No Deducible; si es insuficiente, se toma de fondos deducibles con el tratamiento fiscal correspondiente según la elección del cliente. | |
| Cancelación / rescate (retenciones) | Se retiene 20% sobre el interés real (Art. 133) y adicionalmente 20% sobre el total a entregar (Art. 151). | Se retiene sobre el monto a entregar la tasa máxima establecida por la LISR del año fiscal en curso (equivalente al 35% en el acordeón). |
| Invalidez | Se entrega el Valor de Rescate del Bolso PPR. Aportaciones equivalentes a 90 UMA’s anuales exentas; excedente con retención del 20%. | No habrá retención de impuestos. |
| Fallecimiento | Se retiene 20% de la Suma Asegurada sobre la proporción que el Bolso PPR represente, sin importar si el beneficiario es en línea recta o no. | No habrá retención de impuestos. |
| Al llegar a edad de retiro (Art. 185) | — |
Pago único: sin retención hasta 90 UMA’s anuales; excedente con retención 20% ISR y el beneficiario acumula a sus ingresos.
Ingresos mensuales: sin retención hasta 15 UMA’s mensuales; excedente con retención 20% ISR y el beneficiario acumula a sus ingresos. Pago único + ingresos mensuales: sobre el monto total acumulado en el bolso deducible 185, se retiene la tasa máxima (acordeón). |
Nota: Información al 2022 (puede cambiar si se modifican disposiciones aplicables).
Sí, el punto clave aquí es la combinación: cuando se estructura de manera adecuada, puedes usar deducción personal (151) + estímulo (185) como parte de una misma estrategia de aportaciones orientadas a retiro. Esto no es para “hacer trucos”, sino para planear de forma inteligente: decidir cuánto conviene destinar a cada carril y mantenerlo sostenible.
Idea clave: La combinación no se trata de “meter lo máximo por meter”, sino de alinear aportación, horizonte y objetivo (retiro 60/65) con tu realidad.
Para aterrizarlo sin teoría: un producto como Imagina Ser de Seguros Monterrey, permite estructurar aportaciones en componentes que pueden alinearse a la lógica de 151 + 185, además de contemplar esquemas como pagos limitados. La ventaja de verlo como ejemplo es simple: deja de ser “fiscal” y se vuelve “operativo”: cuánto va a cada componente, qué objetivo persigue y qué implicaciones tiene si más adelante ajustas el plan. En la simulación, lo que hacemos es revisar tu perfil (ingreso, objetivo, horizonte) y proponer una estructura razonable que no te apriete el flujo.
Aquí viene la parte que sorprende a muchos asalariados con ISR alto: cuando se combina la lógica de 151 + 185, el “espacio” anual potencial puede ser considerable y, en perfiles de ingreso alto, la suma de topes puede rondar aproximadamente los $360,000 MXN al año (dependiendo de reglas aplicables, límites vigentes y tu situación). No significa que “siempre convenga meter eso” ni que sea “dinero gratis”; significa que hay una ventana real que mucha gente ni siquiera contempla, y que —bien usada— puede hacer una diferencia fuerte en tu planeación anual y en la consistencia con la que construyes retiro.

Si estás aquí por una razón muy concreta —“quiero cifras”—, te entendemos. El problema es que en un PPR las cifras dependen de variables personales (edad, objetivo 60/65, plazo de aportación, monto, diseño del plan) y por eso los rangos pueden verse amplios. Aun así, este simulador sirve para algo valioso: darte órdenes de magnitud y ayudarte a ubicarte.
Y aquí viene lo incómodo: ver números no siempre da claridad. A veces hace lo contrario. Puedes ver “prima desde $1,500” y “pensión de $1,700 a $7,100” y seguir con la misma duda: “ok… ¿pero cuál soy yo?”. Esa frustración es normal, porque el plan no se decide con un promedio: se decide con tu caso.
Si quieres que lo aterricemos con tu edad, tu ingreso y tus metas, hacemos una simulación por Zoom de 15–20 min y te decimos qué escenario te queda (y cómo configurarlo).
Los rangos de abajo están pensados como una vista rápida: muestran valores mínimos y máximos de prima mensual, años a pagar, ahorro estimado y pensión mensual en distintos rangos de edad. También verás un escenario “con reinversión de impuestos”, que ilustra cómo puede cambiar el resultado cuando el beneficio fiscal se reinvierte en el mismo plan.
No lo tomes como cotización final. Tómalo como lo que es: una brújula para decidir si vale la pena dar el siguiente paso.
Este es el punto donde muchos se atoran. Porque al ver rangos amplios, la mente hace esto: empieza a comparar “lo mejor” contra “lo peor”, y termina igual o peor de confundida. En vez de una decisión, te quedas con ansiedad:
Esa confusión cuesta. Cuesta porque pospones. Y posponer en retiro es carísimo: el costo real no es el PPR, es el tiempo perdido sin estrategia.
La buena noticia es que esa claridad no se obtiene leyendo 20 posts más: se obtiene en una cita de 15–20 minutos. Ahí es donde el rango se vuelve número, y el número se vuelve plan.
Luego, si te hizo sentido, el paso correcto es la simulación personalizada: ahí definimos retiro 60/65, pagos limitados 10/15 si aplica y el rango óptimo de aportación para tu vida real.
Simulador rápido (rangos): cifras estimadas con supuestos generales y pensadas como brújula. Para saber qué rango aplica a ti, lo correcto es una simulación personalizada.
| Edad |
Prima mensual (mín) |
Prima mensual (máx) |
Años a pagar (mín) |
Años a pagar (máx) |
Ahorro a recibir (mín) |
Ahorro a recibir (máx) |
Pensión mensual (mín) |
Pensión mensual (máx) |
|---|---|---|---|---|---|---|---|---|
| 25–30 | $1,500 | $2,700 | 10 | 40 | $406,000 | $960,000 | $1,700 | $7,100 |
| 35–40 | $1,700 | $3,600 | 10 | 30 | $496,000 | $660,000 | $2,200 | $4,400 |
| 45–50 | $3,100 | $5,100 | 10 | 20 | $586,000 | $703,000 | $2,900 | $4,300 |
| 55–60 | $7,500 | $8,200 | 10 | 10 | $688,000 | $761,000 | $1,800 | $5,100 |
| Edad | Ahorro a recibir (mín) | Ahorro a recibir (máx) | Pensión mensual (mín) | Pensión mensual (máx) |
|---|---|---|---|---|
| 25–30 | $812,000 | $1,920,000 | $3,400 | $14,200 |
| 35–40 | $992,000 | $1,320,000 | $4,400 | $8,800 |
| 45–50 | $1,025,500 | $1,406,000 | $5,075 | $8,600 |
| 55–60 | $928,800 | $1,027,350 | $2,430 | $6,885 |
Disclaimer: Estas cifras son estimaciones basadas en supuestos generales y rangos ilustrativos. No constituyen cotización, promesa de rendimiento ni garantía de pensión. El resultado final depende de edad, plazo, aportación, configuración del plan, condiciones contractuales y variables financieras/fiscales.
Como puedes ver, los rangos son amplios. Y eso es exactamente lo que frustra a la mayoría: vienes buscando “un número” y terminas con más preguntas. Porque con solo ver mínimos y máximos no sabes si tú estás cerca del escenario bajo, del medio o del alto. Y en retiro, decidir con incertidumbre se siente peligroso: te puede llevar a pagar de más, a elegir una configuración que no vas a sostener, o a posponerlo “para luego” hasta que ya no haya margen. La forma correcta de resolverlo no es leer más teoría: es aterrizarlo con tus datos. En una cita por Zoom de 15–20 minutos convertimos estos rangos en una respuesta clara para ti y te decimos si conviene, cuánto sería razonable aportar y cómo configurarlo.

Muchos se enfocan en “deducir”, pero la decisión que cambia todo el diseño del plan es la edad objetivo de retiro. Elegir 60 o 65 no es un detalle: afecta horizonte, aportación, riesgos de ajuste y el tipo de estrategia que se siente cómoda.
Retiro a los 60 puede hacer sentido si:
Las consecuencias: necesitas más disciplina (o más aportación) para llegar con fuerza a esa meta, porque el tiempo es menor, renuncias a posibilidad de la deducibilidad fiscal.
Retiro a los 65 suele convenir si:
Lo que ganas: tiempo y holgura. Muchas veces, esa holgura hace que el plan sea más fácil de sostener (y por eso se cumple).
En la práctica, la mayoría de asalariados con ISR alto no se frena por la palabra “PPR”; se frena por una sensación: “no quiero quedar amarrado por décadas”. Por eso, la configuración del plan importa tanto como la deducción. Cuando eliges bien aspectos como pagos limitados (10 o 15 años) y la edad objetivo (60/65), el PPR se vuelve un plan sostenible y cómodo, no una carga que tarde o temprano abandonarás.

“Pagos limitados” significa que aportas durante un número definido de años (por ejemplo 10 o 15), en lugar de pagar durante todo el horizonte. ¿Para quién sirve?
La vida cambia: bonos que no llegan, cambios de empleo, gastos familiares. Un plan bien diseñado contempla que puede haber ajustes. Lo importante es saber:
En simulación, lo que hacemos es diseñar con margen: ni demasiado apretado, ni demasiado flojo.
Cómo evitar el error típico: aportar sin estrategia (y luego arrepentirte)
El error típico no es “no deducir”. Es configurar sin pensar:
Regla ejecutiva: si el plan te obliga a vivir incómodo, lo abandonarás. El mejor plan es el que sí sostienes. Por ello, las aportaciones deben de ser alcanzables y sostenibles en el tiempo sin que te lesione.
Este aspecto es el que más genera ansiedad. Y no lo decimos para espantar, sino para que firmes con ojos abiertos. Un PPR puede ser flexible, pero no es una cuenta de cheques: hay reglas, tiempos y consecuencias que conviene entender antes.
En general, sí existen escenarios de retiro anticipado, pero la pregunta importante es: ¿conviene? Retirar antes puede tener implicaciones (fiscales y de desempeño del plan) que cambian según el momento y cómo esté estructurado. Por eso, lo correcto es planear desde el inicio con una aportación que no te obligue a salirte “por ahogo”.
Los retiros parciales suelen existir como herramienta, pero se deben tratar como “plan B”, no como hábito. Lo inteligente es que, si crees que podrías necesitar liquidez, diseñemos el plan contemplando:
Cancelar suele ser mala idea cuando es una reacción impulsiva (“me desesperé”). Puede ser razonable cuando hay un cambio estructural real (situación familiar, empleo, salud, etc.) y se decide con cabeza fría. Lo importante es entender consecuencias y alternativas antes de mover piezas.
Antes de contratar, revisa:

Si eres alto ejecutivo y tu empresa te da un seguro médico de prestación, hay un punto ciego que casi nadie explica: al cambiar de empleo, volverte independiente o perder la prestación, el riesgo no es solo “pagar un deducible”, sino “empezar de cero” en temas críticos como preexistencias y periodos de espera. El llamado deducible en exceso (también conocido como póliza en exceso) es una póliza que opera después de tu seguro base: primero paga el SGMM de tu trabajo hasta donde le corresponde (por deducible/coaseguro/límites) y, si se cumplen las condiciones, entra la póliza en exceso conforme a sus reglas; pero su valor más importante suele ser estratégico: ayudarte a conservar continuidad para que, si migras a un SGMM individual mediante conversión/conexión, no te “reinicien” antigüedad, preexistencias o tiempos de espera. Si quieres entenderlo con ejemplos, revisa esta guía: Deducible en exceso para SGMM de prestación.
Aquí resolvemos lo que normalmente frena a un ejecutivo: dudas incómodas, comparaciones con CETES/ETFs, comisiones y miedo a la iliquidez. La idea es que decidas con calma y claridad.
Si estas dudas te suenan familiares, este resumen en video te ayuda a entender lo esencial antes de entrar al detalle: CETES vs PPR, deducción 151/185, retiro 60 vs 65, pagos limitados y cómo evitar errores típicos.
Si quieres que lo aterricemos con tus números, podemos agendar una simulación breve por Zoom (15–20 min).
A continuación, encontrarás las objeciones más comunes respondidas con claridad.
CETES/ETFs pueden ser excelentes. La pregunta real es: ¿tú eres constante y disciplinado sin estructura? Si sí, invertir por tu cuenta puede ser una gran vía (o complemento). Si no, el valor del PPR es que te obliga a sostener un plan y, un alto ejecutivo, puede aprovechar el componente fiscal. Para muchos perfiles, no es “uno u otro”: es estrategia combinada.
Hay productos con costos distintos. La forma correcta de evaluar no es “me dijeron que cobra mucho”, sino:
Si tu prioridad #1 es liquidez total, el PPR no debe ser tu única herramienta. Pero la mayoría de personas que llegan a retiro sin plan es por “liquidez total” + “falta de constancia”. Por eso, lo sano es diseñar un PPR que no te ahogue y complementarlo con un colchón líquido fuera.
Buena objeción. En muchos casos, el beneficio fiscal se entiende mejor como diferimiento. Pero, depende de qué parte estés usando. En un PPR bien estructurado pueden coexistir dos lógicas fiscales distintas: la deducción del Art. 151 y el estímulo del Art. 185.
En el caso del Art. 185, es cierto que mucha gente lo interpreta como un beneficio “diferido”: el ISR que no pagas hoy (por la aportación dentro del límite aplicable) te permite tener más dinero trabajando desde ahora dentro del plan, y ese crecimiento sí se queda contigo; además, según el evento y el cumplimiento de condiciones, hay escenarios del propio esquema donde no hay retención de impuestos (por ejemplo, en invalidez o en fallecimiento, conforme a la mecánica fiscal del producto).
Ahora, lo que casi nadie distingue es que el Art. 151 juega distinto: ahí la deducción funciona como un reembolso definitivo del ISR dentro del tope que marca la ley (por ejemplo, el límite de 5 UMA anuales o 10% de ingresos, lo que resulte menor, según el esquema), es decir, es impuesto que ya pagaste como asalariado y que, al deducir correctamente en tu anual, puede regresarte de forma permanente (no es “solo prórroga”). Por eso la lectura correcta no es “todo es diferimiento”: en una estrategia bien hecha, 185 puede operar como estímulo/eficiencia y 151 como devolución real, y lo importante es estructurarlo con números para tu caso.

Se entiende perfecto de dónde viene esa frase: la gente escucha historias de terror y concluye que “las aseguradoras no pagan”. Pero en la práctica, cuando hay un problema, casi siempre se explica por una de estas tres cosas: (1) el evento no cumple las condiciones del contrato, (2) la documentación está mal o incompleta, o (3) hubo una expectativa equivocada de lo que el plan sí y no cubre. Un seguro no se paga “por estado de ánimo” ni por discreción del ajustador: es un contrato respaldado por regulación y por condiciones generales; cuando se cumplen requisitos y el expediente está bien armado, la aseguradora está obligada a pagar. Por eso, la forma inteligente de protegerte no es “confiar a ciegas”, sino hacer tres cosas desde el inicio: leer las condiciones generales de la póliza, y entender los escenarios clave (retiro, retiros parciales, cancelación, invalidez y fallecimiento), dejar todo correctamente emitido (nombre completo exactamente como identificación oficial, RFC/curp si aplica, datos del contratante/asegurado consistentes) y documentar bien cualquier movimiento para no abrirle la puerta a trabas evitables. Dicho simple: los casos de “no pagó” más comunes no son fraude; son errores previsibles y evitables. Y ahí es donde la asesoría sí importa: en la cita no solo “cotizamos”, también dejamos claro qué sí dispara pago, qué no, y qué papeles necesitas para que el plan funcione como se espera cuando llegue el momento.
Es una duda totalmente válida. Si tú solo quieres “invertir”, suena extraño que el plan incluya seguro de vida. La clave es entenderlo así: en un PPR tipo seguro, el componente de vida no es el “producto principal”; es un respaldo barato que aprovecha la estructura del plan. Para la mayoría de asalariados (y más en perfiles de ingreso alto), hay dependientes económicos directos o indirectos —pareja, hijos, padres, compromisos— y el riesgo real no es solo “no jubilarte bien”, sino que una eventualidad rompa el plan y deje a la familia sin sustento.
Lo importante es el contraste práctico: si tú inviertes en un banco o una cuenta de inversión y llegara a ocurrir un fallecimiento, normalmente lo único que existe es el saldo acumulado. En cambio, en un seguro de retiro bien configurado, además del ahorro, puede existir una suma asegurada por fallecimiento que funciona como red de protección para la familia (y suele ser más económica dentro del plan que contratarla por separado). Dicho en simple: no es “te metieron un seguro”; es que, ya que estás construyendo retiro, tiene sentido agregar una protección que, comprada aparte, normalmente saldría más cara, y que cubre el evento que más descarrila cualquier estrategia financiera.
Ahora bien, esto no significa que sea para todos. Si no tienes dependientes, o tu prioridad absoluta es liquidez/control total, puede convenirte una estrategia 100% de inversión por fuera. Por eso en la simulación no solo vemos “cuánto aportas”, sino qué necesitas proteger, y configuramos el plan para que el componente de protección esté alineado con tu realidad (sin inflarlo innecesariamente).
Ya con el mapa completo, aquí va lo que normalmente más ayuda: ver cómo se traduce en una implementación realista. No es para “venderte” un producto, sino para que veas el orden mental: primero la estrategia, luego la configuración, luego la propuesta.
Si eres asalariado con ISR alto y quieres claridad rápida, agendamos una simulación de 15–20 min y te decimos si conviene (y cómo configurarlo).
Una configuración típica (ilustrativa) para este perfil suele incluir:
La palabra clave es “típica”: no existe una configuración universal. Lo que hacemos en la simulación es ajustar esa “plantilla” a tu realidad.
Con tres datos podemos aterrizar bastante:
Con eso, podemos darte un mapa claro y evitarte cotizaciones que no aplican.
En la videoconferencia te compartimos:
Estas respuestas están pensadas para dudas reales de asalariados con ISR alto y para que tomes decisión con criterio.
Depende de tu situación fiscal, tu nivel de ingreso y cómo se estructura la estrategia. En perfiles de ISR alto, combinar la lógica de Art. 151 + Art. 185 puede abrir una ventana anual relevante; lo correcto es estimarlo con tus datos para no adivinar.
Sí, la combinación es precisamente uno de los puntos fuertes cuando la estrategia está bien estructurada. La clave es hacerlo con orden: definir objetivos, aportación sostenible y configuración (60/65, pagos limitados) antes de “meter dinero”.
Normalmente hay implicaciones (fiscales y de desempeño del plan) y dependen del momento y del diseño del PPR. Por eso conviene diseñarlo para que retirar antes sea la excepción, no la regla.
La AFORE es la base obligatoria. La pregunta real es si te alcanzará con eso y si quieres una estrategia adicional. Muchos asalariados de ingreso alto necesitan complementar: PPR y/o inversión por fuera, según perfil y metas.
Ingreso anual aproximado, edad, meta (60/65) y rango de aportación sostenible. Con eso se puede aterrizar un primer mapa en 15–20 min.
CETES es un instrumento de seguridad (y liquidez) muy útil. Un PPR juega otra partida: retiro de largo plazo con estructura y, en algunos casos, eficiencia fiscal. Para muchos perfiles, CETES puede ser parte del “colchón” y el PPR parte del “retiro”; no compiten, se complementan.
Si eres asalariado con ISR alto, un PPR puede ser una herramienta inteligente cuando lo usas para lo que es: una estrategia de retiro con estructura que puede aprovechar deducción fiscal (Art. 151 + Art. 185) si aplica a tu perfil, y cuya configuración se define por decisiones clave como retiro a los 60 vs 65 años y esquemas como pagos limitados 10 o 15 años para que el plan se adapte a tu vida real, evitando el error típico de aportar sin estrategia y luego frustrarte por temas de liquidez, retiros parciales o cancelación; la mejor forma de decidir sin enredos es dimensionar primero tu rango (estimación tipo simulador), entender lo que ganas y lo que sacrificas, y luego aterrizarlo con números y configuración, por eso si quieres claridad rápida, agendamos una cita de 15–20 min, revisamos tu escenario y te decimos si conviene (y cómo configurarlo) antes de que tomes una decisión importante con información incompleta.
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